FATE y las empresas mimadas por el Estado populista
(mdz, 2026) Una de las marcas más reconocidas de la industria nacional deja de fabricar en el país. Fate, la empresa neumática fundada hace más de ocho décadas y controlada por la familia Madanes Quintanilla, confirmó este miércoles el cierre definitivo de su planta industrial ubicada en Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando. Con esa decisión, 920 trabajadores perderán sus empleos.
En un comunicado oficial, la compañía justificó la medida con una frase que condensa el estado del sector: "Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente." [Por ejemplo, mudándose a Brasil.]
Fate es conducida por Javier Madanes Quintanilla, uno de los empresarios más poderosos de la Argentina. Según Forbes, su patrimonio personal alcanza los US$ 1.500 millones, lo que lo posiciona en el puesto 18 del ranking de los hombres más ricos del país. Mientras tanto, el patrimonio familiar se estima en US$ 590 millones.
El conglomerado familiar fue, históricamente, uno de los más beneficiados por subsidios y créditos en el marco de las políticas de industrialización sustitutiva argentinas [empresa prebendaria]. Sin embargo, ese vínculo con el Estado no evitó las turbulencias actuales. Un dato que marcó la trayectoria del grupo es que varios de sus principales accionistas fueron identificados en la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas conocida como los Panamá Papers, con sociedades offshore en Islas Cook, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá, y conexiones a cuentas en Suiza.
El cierre de Fate no es un hecho aislado del contexto macroeconómico. Javier Madanes Quintanilla ya había dejado en claro su postura frente al rumbo económico del gobierno nacional. El empresario señaló que la administración del presidente Javier Milei mostró, desde sus inicios, "menosprecio al capital nacional".
En esa misma línea, calificó en 2024 al ajuste propuesto por Milei como "el más duro de la historia" y trazó un paralelo con la crisis de 2001, aunque consideró que el escenario actual podría ser incluso más profundo. Según su lectura, la apertura de importaciones fue el disparador concreto que derivó en una caída en la producción de Fate y que, en última instancia, hizo inviable la continuidad de la planta.

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