Cecilia Fiel
(P12) Cecilia Fiel se obsesionó con la figura de Enrique Dussel (1934-2023) en 2010. Durante dos décadas ella dictó Estética y Estética del Cine en la carrera de Artes de Filosofía y Letras de la UBA. En aquel año se peleó con el “recorrido eurocéntrico” planteado por la academia, leyó por primera vez al filósofo, quiso cambiar contenidos, se encontró con resistencias y decidió, pese a obstáculos varios, hacer un documental. Dussel. La filosofía es un don para un mundo sin sentido estrenó en diciembre en el Gaumont [cine no comercial] y tiene una segunda función hoy a las 20.30 en la sala de Avenida Rivadavia 1635.
El film muestra a Dussel en sus últimos días, dedicados a escribir el final de su obra, su Estética. A los 87 años continuaba desarrollando un pensamiento desde Latinoamérica que enfrentaba la visión eurocéntrica de la realidad latinoamericana. El filósofo mendocino -también historiador y teólogo-, quien se había exiliado en México en 1975, impulsor de lo que denominaba Filosofía de la Liberación, terminaba “los deberes” de una vida muy “disciplinada”: “40 años trabajando todo el día, ahorrando el tiempo cotidiano de una manera muy estricta y hasta un poco feroz”, se define, al inicio del largometraje. “Este es un documental que quiere hacer ruido, perturbar sentidos y, en ese sentido, ser político”, asegura Fiel.
Después de leerlo lo escuchó con admiración en una conferencia en Puán en 2012, en un aula que desbordaba de gente; luego, en 2016, lo vio con Hebe de Bonafini en la Universidad de las Madres. En 2019 viajó por una residencia a México, comenzó a asistir a su curso de Ética y le propuso hacer el documental. El pensador aceptó entusiasmado, pero la pandemia detuvo todo. Cuando Fiel volvió a contactarlo él ya no recordaba la propuesta. En 2021, la cineasta pudo volver a viajar y comenzar con el proyecto.
Con el coronavirus como telón de fondo y ante los problemas de salud del retratado, se vio obligada a alterar su guion inicial: no era posible seguirlo yendo y viniendo de sus actividades. Él mantenía sus tareas en la virtualidad con la pasión que lo caracterizaba, manejando bien el Zoom y las clases virtuales.
“Pude filmarlo ya estando muy débil, lo cual me cambió las reglas del juego. Licencié un cargo que tenía en Puán, otro pude sostenerlo virtual y me largué tipo kamikaze. Me instalé en su casa hasta que me atendiera”, cuenta Fiel a Página/12. Ahora está en Buenos Aires pero vive en México. Anteriormente dirigió Margarita no es una flor y El indio.
A pesar de su fragilidad, el filósofo se mostraba muy “alegre” durante el rodaje. “Sabía que el audiovisual tenía ese poder de llegar hacia quienes no circulaban en la academia; los sectores populares, los movimientos sociales, hacia donde él quería llevar su filosofía”, comenta la realizadora.
La cámara se ubica tanto en la casa de Dussel -frente a la pantalla de su computadora o entre sus libros- como en otros espacios que reflejan su pensamiento situado. Se lo ve caminando con estudiantes, conversando con discípulos, explicando su tesis sobre la modernidad en el Zócalo, charlando sobre poder en una sede del partido Morena, y en Tlatelolco, escenario de un importante crimen de Estado y de lesa humanidad de octubre de 1968. “Me interesaba mostrar esta parte del filósofo que, siendo una persona súper importante a nivel internacional, no se olvidaba de las bases.”
Visualmente, Fiel se ocupó de mostrar un México “alejado de la mirada turística”, una intención que acompaña muy bien el diseño sonoro de Lluvia de Palos, grupo que trabaja con instrumentos mexicas. Aparte de Dussel, toman la palabra discípulos suyos que repiensan críticamente sus categorías fundamentales. “Quise liberar a la música y al formato cinematográfico de toda la carga europea y de la narrativa institucional”, expresa Fiel.
-¿En qué sentido su estado de salud cambió las reglas del juego?
-La cuestión de la ética cinematográfica, que era un tema que yo daba en Estética, la tuve que pensar y llevar a la práctica, porque yo quería preguntarle un montón de cosas y discutirle otras, pero frente a alguien que estaba muy débil de salud la discusión crítica era muy difícil. Algo de eso se ve en la película cuando yo digo “está muy cansado, ¿durmió bien?” o le pregunto “¿quiere seguir?“. Se ve mi posición: como documentalista a veces decidís continuar porque te guía el afán de tener ese momento que puede ser interesante y otras te ponés en el lugar de alguien que está débil. Eso tiene que ver también con la Filosofía de la Liberación, porque se pone en el lugar del débil; es pensar desde ese otro oprimido, desde esa alteridad que ha sido violentada. Lo agarré cuando estaba escribiendo su Estética. Se dio por casualidad y como era mi campo de conocimiento, era buenísimo.
-¿Cuáles dirías que son las ideas centrales que Dussel plantea en el documental?
Hay varias, pero la idea central es la que explica en el viaje al Zócalo, que es también la que escribe en 1492, libro que lleva por subtítulo “El encubrimiento del otro”. Ese libro son conferencias que dio en la Universidad de Frankfurt con motivo de los cinco siglos de la invasión de América. Esta palabra no es inocente: “invasión”. La usa el grupo de Dussel y yo aprendí a usarla también. En este libro lo que hace es mostrar el lado desde América. Por eso habla de encubrimiento, de cómo se encubre esa otra alteridad que somos nosotros. Por una cuestión colonial, paradójicamente, siempre hablamos de “ellos” como si fueran los otros, pero esos otros somos nosotros. Él dice que ahí empiezan el capitalismo y la modernidad. Y esa modernidad tiene por fundamento no el ego cogito cartesiano de 1636, sino el ego conquiro. Es decir, el sujeto conquistador va a ser el fundamento del sujeto que piensa, cartesiano. Frente a esa modernidad europea asociada al sujeto cartesiano, al progreso, a las luces, muestra que en realidad para nosotros esa modernidad no es progreso, sino colonialismo y colonialidad. Frente a esa idealización que hacemos de la modernidad, para nosotros fue esclavitud, genocidio, oscuridad. Y fue sobre todo la instalación de un modo productivo de tinte moderno capitalista que ya sienta su base, la extracción en todo sentido, no solamente económica sino también cultural. Y la implantación de un modo de vida que va a ser el colonial.
-¿Cuál considerás que es la vigencia de su pensamiento?
-Si uno piensa en términos de filosofía, hoy ya no se piensa en términos sistémicos, que es un poco lo que hace Dussel: construye un sistema. Y eso lo tiene por herencia hegeliana. Pero me parece que la liberación tiene que ser repensada a partir de todo lo que está pasando hoy. No es algo del pasado o pasado de moda... también nos vendieron el verso del fin de las ideologías. La verdad que hoy no estoy tan segura de eso. Creo que estamos más cerca de volver a pensar en términos de liberación y en términos teleológicos de lo que yo me había imaginado. Lo digo por lo de Venezuela, por cómo la gente se está reagrupando, o lo de Groenlandia. O toda la gente organizada que está yendo desde Buenos Aires al sur, los autos que están saliendo para colaborar contra los incendios. Estoy viendo que hay algo muy fuerte que se está dando y que es la organización colectiva, otra vez, para resistir.
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