La Conquista del Desierto. Por Alejandro Marzioni

En este grupo se sigue repitiendo hasta el hartazgo esa ignorante imbecilidad de que la Conquista del Desierto no fue más que una gesta heroica contra el invasor mapuche. Esto es lamentable porque el grupo es sobre libros y los libros han de servir para explicar, esclarecer y contrastar esos discursos estúpidos, mentirosos y que no se proponen investigar el pasado sino justificar fechorías mediante falsificaciones y mentiras. Así que vamos a seguir con la quijotesca tarea de tratar de educar un poquito a los que pronuncian esas estupideces que les metieron en la cabeza aprovechándose de la generalizada ignorancia.
Las tropas de Roca redujeron al que consideraban uno de los loncos más temibles de la Pampa: Pincén. Pincén, originario del Carhué, no era mapuche.
Las tropas de Roca redujeron a los caciques ranqueles Epumer y Baigorrita. Los ranqueles no eran mapuche. Y el Estado argentino acababa de firmar un tratado con ellos en el que los consideraba indios argentinos y se comprometía a protegerlos.
Las tropas argentinas redujeron, casi siempre sin motivos, a muchas parcialidades tehuelches. Hay pruebas sólidas como la que aportó en este grupo Garivati, al estudiar cartas de caciques tehuelches a los galeses, pidiendo que intercedan por ellos ya que los habían atacado siendo ellos indios pacíficos que no vivían del malón sino de la caza y el comercio. Los aonikenk no eran mapuche.
Las tropas argentinas redujeron a Saihueque, gobernador del País de las Manzanas, el Neuquén, aliado del gobierno y que, como bien se sabe, se reconocía argentino y lideraba una enorme parcialidad, la de los manzaneros, que no era mapuche sino una confederación bien mestiza. Hay cuantiosa bibliografía sobre el caso de Saihueque: es una pena que el analfabetismo político y a veces literal de los que mapuchizan tanto las víctimas de la conquista les impida leer, reduciéndose a los memes.
Las tropas argentinas arremetieron contra las culturas indígenas del Chaco, que quedaron sometidas y explotadas al nivel de la esclavitud, lo mismo que tantos ranqueles reducidos en los ingenios azucareros o en la Isla Martín García. No eran mapuche.
Esos son algunos ejemplos, nada más que los conocidos, los que puede conocer cualquiera que esté mínimamente interiorizado con este tema. Hay que ser realmente muy ignorante, vergonzosamente ignorante, para repetir, al día de hoy, con tanta bibliografía que lo desmiente, aquella estupidez de que, trululú, tralalá, la Conquista del Desierto fua una gesta heroica contra el invasor mapuche. Vamos, loritos, repitan de nuevo, ¿cómo es? ¡Muy bien! Vaya, vaya, tome la sopita.
Ahora bien, si se trata de gente mapuche en la época de Roca, una cultura que realmente ha influido e incursionado considerablemente en el actual territorio argentino, entonces hablemos de personajes como el de la foto. Ahí tienen, sí, al fin, a un mapuche: Manuel Namuncurá, Pie de Piedra, hijo del célebre Calfucurá, el mismísimo, el que ingresó en la Pampa hacia 1831, aliado de Rosas, y desde entonces se convirtió en la más temible lanza. ¿Lo ven con indumentaria mapuche? No, al contrario: viste uniforme de oficial del ejército argentino. Si bien combatió, al principio, contra las tropas de Roca, finalmente presentó su rendición y, en su calidad de jefe, tan habituado a entablar alianzas con los gobiernos argentinos, viajó a Buenos Aires, donde se entrevistó con el mismo Roca. ¿Qué hizo Roca? Presentó un proyecto para que el Estado argentino le otorgue tierras en Neuquén y luego en Río Negro, donde el gran líder mapuche quedó establecido y oficializado con su gente, ya que el proyecto fue aprobado por el Congreso Nacional. De modo que, muy por el contrario de lo que repiten los loritos, los mapuche fueron más bien de las pocas parcialidades que eventualmente contaron con el beneplácito y la protección de las autoridades argentinas: de hecho fue gracias a esa gestión de Roca que los mapuche pudieron establecerse en varias tierras y desde entonces recibir inmigración mapuche que venía del otro lado de la Cordillera. Por cierto que este mapuche, máximo líder mapuche, también fue el padre del célebre beato Ceferino Namuncurá, salesiano al que otorgaron el título de Príncipe de la Doctrina Cristiana.
¿Por qué será, cabe preguntarse, que tantos tontos repiten como loritos, tontos loritos, aquel mantra de que la Conquista del Desierto, trululú, tralalá, fue una gesta heroica contra el invasor mapuche? No hay pregunta más fácil de responder. Se trata de imponer un relato falso, hipócrita y sofista, muy a la medida de los tontos que carecen de conocimientos para rechazarlo, con el fin de justificar todo tipo de atropellos, matanzas y canalladas, incurriendo en un negacionismo criminal de nuestra historia.
Lo mismo, exactamente lo mismo, hacen los militares que justifican la atroz, indigna y sanguinaria dictadura repitiendo el mantra de que fue contra el comunismo para evitar que Argentina fuera Cuba. Es la misma operación: un siglo después de la Conquista del Desierto, la dictadura torturó y asesinó a miles de opositores de todo signo político: peronistas, sindicalistas, catequistas, estudiantes, hasta monjas francesas. El comunismo, que jamás fue una amenaza, solo contaba con un grupo armado, el del ERP, que ya estaba desarticulado y diezmado cuando asumió Videla, y que eran unos pocos chiflados que podían reducirse en tres horas. Luego estaba el Partido Comunista que, además de no haber incurrido en lucha armada, apoyó la dictadura, estaba legalizado, y respondía a la Unión Soviética, con quien esa dictadura mantuvo muy buenas relaciones, esa hipócrita dictadura, esa vergüenza nacional sin más fin que el de imponer el modelo liberal, el de la Patria Financiera, el de la destrucción de la Argentina desde tiempos de Rivadavia. Para ocultar la masacre que hicieron contra toda oposición, le hicieron creer a la sociedad que habían operado contra “el comunismo”. Siempre las mismas operaciones. Siempre las mismas mentiras. Estas operaciones ideológicas, estos relatos, están hechos para que se los crea una masa boba, hoy día degradada al extremo de haber votado al imbécil de Milei, esa escoria apátrida, esa vergüenza nacional que condensa todo lo abyecto que hay en el país para venderlo, arrodillado, arrastrado, a las mafias financieras del mundo.
Quieren que el pueblo sea así de bruto, que esté así de degradado, para que no tenga conciencia de su historia y, mediante la repetición y asimilación de frases estúpidas, termine defendiendo y votando a sus propios verdugos, los verdaderos enemigos de la Patria que por cierto no son mapuches.

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