El costo de politizar el desarrollo. Por Federicio José Milia

Existe una desconexión profunda en el corazón del debate argentino sobre los recursos naturales. Es una brecha que se mide en kilómetros, pero sobre todo en realidades económicas. De un lado, las mesas de La Biela o la Confitería El Molino, donde personas con la vida resuelta y rentas aseguradas legislan y opinan sobre paisajes que solo visitan en vacaciones. Del otro, las provincias cordilleranas, cuya supervivencia depende de una explotación racional y tecnológica de su suelo que hoy se encuentra bajo sospecha permanente.
EL GLACIAR COMO BANDERA ESTÁTICA
Mucho se habla de los glaciares desde la comodidad de la ciudad. Se los utiliza como un símbolo de pureza intocable para frenar cualquier intento de desarrollo en las provincias que más lo necesitan. Esta visión ignora que hoy existen alternativas técnicas para controlar el impacto ambiental. TODO SE PUEDE HACER SI SE APLICA RIGOR CIENTÍFICO, pero el problema surge cuando se mezcla la política con la tecnología.
Cuando la ideología reemplaza a la ingeniería, el resultado es la parálisis. Quienes viven de ingresos generados por otros pretenden que el interior del país permanezca como un museo, privándolo de los beneficios que las exportaciones y la actividad industrial generan para el conjunto de la nación.
EL ESPEJO URUGUAYO: UNA LECCIÓN DE PRAGMATISMO
El ejemplo más concreto de este fracaso es la industria de la celulosa. Mientras Argentina se hundía en discusiones políticas y "cometas" electorales, Uruguay trazó un camino de largo plazo. Hoy, nuestro vecino exporta 2.800 millones de dólares en pasta de papel con tecnología de punta, sin que se haya podido comprobar contaminación alguna.
Mientras tanto, nosotros nos quedamos en el último vagón de cola de Latinoamérica.
PLANTAS OBSOLETAS: NUESTRAS PASTERAS VIEJAS SÍ CONTAMINAN.
[¿Cual es hoy nuestra realidad?].
.- Primarización: Exportamos madera sin procesar o, peor aún, se la enviamos a Uruguay para que ellos le den valor agregado.
.- Dependencia: Terminamos importando la pasta para fabricar productos básicos, como el papel higiénico, habiendo sido líderes de la industria en los años 80.
LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DEL PROGRESO
Argentina posee una de las superficies forestadas más grandes y recursos minerales de clase mundial en su cordillera. El capital humano está, la materia prima sobra y la tecnología existe para producir de manera limpia.
Lo que falta es honestidad intelectual. No se puede defender el ambiente destruyendo la economía. El verdadero progreso no nace de la prohibición ideológica dictada desde un café porteño, SINO DEL CONTROL ESTRICTO DE LOS PROCESOS PRODUCTIVOS. Si no logramos separar la ciencia de la conveniencia política, seguiremos mirando desde la orilla cómo otros países progresan mientras nosotros seguimos con nuestras deliberaciones.

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