Escandalosas respuestas de Juan Loprete a un reportaje de Bruno sobre inteligencia artificial y otras hierbas
¿Usás inteligencia artificial (generativa o correctiva) en tus grabaciones?
Sí. Y también uso café, electricidad y micrófonos.
La inteligencia artificial es una herramienta, no un demonio ni un mesías. El problema no es usarla: el problema es esconder la falta de ideas atrás de ella.
Yo la uso a veces para deformar sonidos, corregir cosas mínimas o generar accidentes. Pero si la máquina compone mejor que vos, el problema no es la máquina: sos vos.
Además, la música siempre fue artificial. Un bandoneón también es una máquina. Y bastante cruel, por cierto.
¿Usás samplers?
Claro.
El sampler es el collage del pobre y el bisturí del degenerado.
He sampleado trenes, discusiones familiares, ascensores rotos, una licuadora soviética y a un tipo tosiendo en un velorio.
El sonido del mundo ya existe. Lo interesante es dónde lo ponés y qué hacés chocar contra qué.
El tango mismo es un sampler emocional de inmigrantes tristes.
¿Por qué musicalizás letras?
Porque algunas palabras vienen ya pidiendo música.
Y porque hay poetas que escriben con ritmo aunque no sepan una sola nota. Bruno, por ejemplo, escribe como si las sílabas respiraran solas.
A veces leo una letra y escucho enseguida el clima, el color, la mugre que necesita alrededor.
Otras veces no. Y ahí es mejor callarse.
Musicalizar no es decorar un texto: es meterle sangre sin arruinarle el esqueleto.
¿Qué le dirías a los que empiezan su carrera?
Que no empiecen pensando en la carrera.
Piensen en la obsesión.
Si entran a la música para gustar, durar o volverse “relevantes”, están fritos antes de afinar el primer instrumento.
Aprendan técnica, sí. Pero después ensúcienla un poco.
Y por favor: no confundan exposición con existencia.
Hay músicos con cien mil seguidores que no dejaron una sola nota viva.
¿Creés que la ideología condiciona la música?
Todo condiciona la música. La ideología, el hambre, el alquiler, el deseo, la bronca, el país que te tocó.
El problema aparece cuando la ideología se vuelve más importante que la música. Ahí nacen esos discos que parecen panfletos con metrónomo.
Yo prefiero una contradicción sincera antes que una canción perfectamente militante y perfectamente muerta.
Igual no existe música inocente. Hasta el silencio tiene partido político.
¿La formación que recibiste te puso a nivel competitivo?
Sí y no.
La formación me dio herramientas. El conservatorio te enseña a construir la mesa. Después vos decidís si comés, escribís una ópera o te subís arriba a bailar borracho.
Competitivo nunca me interesó demasiado. La música no es atletismo olímpico.
He conocido pianistas perfectos incapaces de conmover a un perro.
Y tipos con tres acordes que te arruinaban emocionalmente para siempre.
Prefiero eso último.
Una clase de estética. Y de paso, una clase de ética.
ResponderEliminar