Decí por Dios qué me has dao
El jueves, 30 de julio de 2026, 17:50:58 GMT-3 Carlos Basch, <cabasch48@gmail.com> escribió:
López Ballesteros | Ángel Garma |
La señora entra al hospital militar N. y manifiesta al centinela que desea hablar al médico director (al que da un nombre desconocido) para ofrecerle sus servicios en el hospital.
| Va a un hospital militar y dice al sargento de guardia que desea hablar con el comandante médico, pues quisiera realizar un servicio en este hospital. |
Al decir esto acentúa la palabra “servicios” de tal manera, que el centinela comprende en seguida que se trata de “servicios de amor”. Viendo que es una señora de edad, la deja pasar después de alguna vacilación;
| Al pronunciar la palabra “servicio” lo hace de modo que el sargento se dé cuenta de que se trata de un “servicio amoroso”. Antes de dejarla pasar, el sargento titubea un poco, pues ella ya es una mujer de edad y, por lo tanto, no apta para servicios amorosos. [1]
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pero, en lugar de llegar al despacho del médico director, entra en una gran habitación sombría, en la que se hallan varios oficiales y médicos militares, sentados o de pie, en derredor de una larga mesa.
| Entra, pero en vez de ir al sitio donde está el comandante médico, llega a una habitación[2] con muchos oficiales y médicos militares. [3]
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La señora comunica su oferta a un médico, que la comprende desde las primeras palabras. He aquí el texto de las mismas, tal y como la señora las pronunció en su sueño: “Yo y muchas otras mujeres, casadas y solteras, de Viena, estamos dispuestas con todo militar, sea oficial o soldado...” Tras de estas palabras, oye (siempre en sueños) un murmullo; pero la expresión, en parte confusa y en parte maliciosa, que se pinta en los rostros de los oficiales le prueba que los circunstantes comprenden muy bien lo que quiere decir.
| Explica su deseo[4] al capitán médico; éste la comprende en pocas palabras. Ella se expresa del siguiente modo: “Yo y también muchas señoras y muchachas estamos dispuestas a...” (Aquí la soñante no oye más que murmullos en el sueño) “con oficiales y soldados, sin distinción de grados y clases”. A pesar de los murmullos, los que están en la habitación comprenden perfectamente lo que quiere decir y ella lo nota en la cara que ponen. |
La señora continúa: “Sé que nuestra decisión puede parecer un tanto singular pero es completamente seria. Al soldado no se le pregunta tampoco, en tiempos de guerra, si quiere o no morir”. A esta declaración sigue un penoso silencio. El médico mayor rodea con su brazo la cintura de la señora y le dice: “Mi querida señora; suponed que llegásemos realmente a ese punto...” (Murmullos.) La señora se liberta del brazo, aunque pensando que lo mismo da aquel que otro cualquiera, y responde: “Dios mío, yo soy una vieja y puede que jamás me encuentre ya en ese caso | Continúa diciendo: “Sé que les extraña a ustedes nuestra resolución, pero ha sido seriamente pensada. Al soldado en el campo de batalla tampoco se le pregunta si quiere morir o no”. Después de esto sigue un silencio penoso. El capitán médico le pone el brazo alrededor de la cintura y dice: “Represéntese usted, señora, el que verdaderamente se llegue a realizar, que ustedes...” (Murmullos en el sueño.) Ella retira el brazo del oficial, mientras piensa que todos los hombres son iguales, y añade: “¡Dios mío!, yo ya soy solamente una mujer vieja y tal vez conmigo no suceda nada...” |
Sin embargo, habrá que organizar las cosas con cierto cuidado y tener en cuenta la edad, evitando que una mujer vieja y un muchacho joven... (Murmullos.) Sería horrible”. | (El sueño continúa.) |
El médico mayor: "La comprendo a usted perfectamente". Algunos oficiales, entre los cuales se halla uno que le había hecho la corte en su juventud, se echan a reir y la señora expresa su deseo de ser conducida ante el médico director, al que conoce, con el fin de poner en claro todo aquello; pero advierte sorprendida, que ignora el nombre de dicho médico. Sin embargo, aquel otro al que se ha dirigido anteriormente le muestra, con gran cortesía y respeto, una escalera de hierro, estrecha y en espiral, que conduce a los pisos superiores, y le indica que suba hasta el segundo. Mientras sube, oye decir a un oficial: "Es una decisión colosal. Sea joven o vieja la mujer que se trate, a mi no puede por menos de inspirarme respeto".
Con la conciencia de cumplir un deber, asciende la señora por una escalera interminable.
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[1] En negrita, el agregado de Garma.
[2] En la omisión de lo sombrío de la habitación, en la versión de Garma, leemos lo que de algún modo ordena a las restantes omisiones como desestimación de aquello que también en éste, no menos que " en los sueños mejor interpretados, debe ser dejado en sombras" (F
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